Contra la envidia, genialidad

Que Nacho Duato no tiene pelos en la lengua es algo que ha quedado más que demostrado en los últimos años. Sus opiniones sobre determinados políticos de la derecha, y muy especialmente sobre la presidenta de la Comunidad de Madrid, han generado titulares y alimentado tertulias. Pero mucho antes de que medio país quisiera escucharlo en directo, en DEAR MAGAZINE ya habíamos apostado por él. Corría el verano de 2023 cuando supimos que regresaba temporalmente a España para poner en marcha la Nacho Duato Academy. En la redacción lo tuvimos claro: era el momento perfecto. Y así fue como conseguimos que nos abriera las puertas de su refugio madrileño y posara durante horas en la intimidad de su espectacular vivienda.

 

Texto_Bru Romero

Entevista_Juan Antonio Gómez/Bru Romero

El resultado fue una entrevista tan sincera como reveladora, tan exclusiva que algunas de sus declaraciones más contundentes acabaron saltando de nuestras páginas a los programas de televisión. Hoy, casi tres años después, cuando su presencia sigue siendo codiciada en platós y debates y sus opiniones continúan generando conversación, recordamos aquel encuentro con especial cariño y queremos ofrecer a nuestros lectores la oportunidad de redescubrir, íntegra, una conversación que conserva intacta toda su vigencia.

Puede que en nuestro país pequemos, constantemente, de no valorar lo nuestro. Ejemplos hay muchos, pero el de Nacho Duato es, quizá, el más sangrante. ¿Qué ha hecho el bailarín y coreógrafo valenciano para que su singularidad derrochada en los teatros de todo el mundo le siga sin valer para situarse como máxima autoridad de la danza en España? Pasó con Antonio el bailarín, y no queremos que la historia se repita con Nacho. Analizamos los hechos con el propio Duato y aplaudimos que siga actuando como verso libre de la cultura patria con el único interés de sacarnos de la mediocridad cultural (a la que nuestros políticos nos han llevado), a la vez que inaugura Nacho Duato Academy, la Compañía Nacho Duato (CND) da sus primeros pasos, su primera ópera es un éxito en el Mikhailovsky y se prepara para estrenar White Darkness y Oneguin.

Nacho, en marzo de este año (si no recuerdo mal) dijiste que la reina Letizia se esconde cuando va al ballet, pero no lo hace cuando va a la ópera… Sé, porque me lo han contado, que la reina Letizia va a espectáculos de ballet, pero aparece cuando las luces se apagan. Una reina es una reina, no tiene que ir de extranjis. En Dinamarca, la reina Margarita hace decorados y vestuarios para el Ballet; la princesa Victoria es madrina del Ballet de Estocolmo; Carolina de Mónaco es madrina del Ballet de Montecarlo e Isabel II iba a todos los estrenos del Royal Ballet, y saludaba a cada uno de los bailarines de la compañía. Aquí, solo es la reina Sofía la que hace acto de presencia, y eso es muy importante para apoyar el arte y la cultura. Esa foto es importante.

 

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¿Qué pasa en España con la danza? Eso es lo que me pregunto yo y no tengo respuesta. Les importa poco, no tienen ningún interés. También dije que Iceta no tenía idea de nada. No sé por qué lo ponen ahí de ministro. Baila muy bien en las campañas y en las partys del PSOE, pero eso no es suficiente. No ha hecho nada desde que ha llegado. Claro, nadie dice nada, todos tienen miedo. Yo, como no pertenezco al ministerio... Ni cuando era director de la Compañía Nacional me callaba, y ahora mucho menos. No me pienso callar nada. No pienso.

¿Qué ministro fue tan atrevido de decirte que te fueras porque eclipsabas al ministerio? Molina. Mi padre decía que se parecía al Barbero de Sevilla, y es verdad. Molina me dijo que tenía demasiado éxito, que la compañía no era una compañía de autor y que eclipsaba al ministerio y a los bailarines. Yo le dije que, si quería, hacía ballets malos, evitaba cualquier foto... Cuando íbamos fuera, quien vendía la compañía era yo. ¿Qué querían que hiciera? ¡Lo que querían eran mis ballets! Hemos estado por todo el mundo, no hay ni una sola ciudad por la que no hayamos pasado. Sydney, la Ópera de París, el Châtelet, la Ópera de Pekín, Boston, Chicago, Taipéi, Seúl, Osaka, en todas partes (ríe), el Bolshoi, que es donde terminé, y allí me quedé. Bueno, en San Petersburgo.

“Mi relación no es con los críticos, ni con el ministerio, ni con los políticos o los demás bailarines, es con el público”

¿Por qué crees que hay tanta cantera de españoles que quieren estudiar danza con tan poca atención como se le da? No hay tantos. En relación con las niñas, hay muy pocos. Los chicos tienen muchos problemas con la danza. Bueno, no es que tengan problemas, es que ahora todos quieren ser cocineros. Ya sabes, Masterchef... ¡Si no enseñan nunca ballet! En La 2, que es el canal cultural, solo se ven monos fornicando, a una vaca siendo devorada por un tigre o el mundo marino. No hay nunca ni una ópera, ni una obra de teatro, no hay entrevistas interesantes a nadie, porque el que más habla es el entrevistador. Tenemos un problema cultural. Hay cultura, porque aquí estuvieron los romanos, los judíos, los musulmanes y tenemos cultura muerta, pero cultura viva hay muy poca. No hay subvenciones, no apoyan, pero tal y como está la vida actual, los sueldos y las horas de trabajo es normal que el ciudadano de a pie llegue a casa, encienda la tele y vea la 1. Eso no permite que se interesen por otros temas, que lean a Chomsky o conecten con iON TV, que es una cadena de televisión india que es una maravilla. Así te formas una idea del mundo y te dejas de mirar el ombligo como hacemos aquí.

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En una ocasión la reina Sofía te llegó a decir: "Nacho, ¡qué mal te hemos tratado!" Sí, en el Hermitage. No soy monárquico, pero ella siempre me ha caído muy bien. Una reina de verdad, prusiana y que viene de los Románov. Una vez en Grecia me pidió una foto y le dije que ya nos habíamos hecho 5. Nos reíamos. Mira, conozco a la reina Beatriz, a Carolina de Mónaco (con la que ceno cada vez que voy a Montecarlo), a los reyes de Noruega, a la de Dinamarca, a Paola de Bélgica. Nunca he hecho reverencia o agachado la cabeza. Lo hago ante uno que venga en una patera, porque huye de un país en guerra o ante la mujer que viene a limpiar y hacerme la comida, porque es la cosa más maravillosa del mundo.

¿Te han llegado a atacar por ahorrador? ¿Cómo es eso? Cuando llegué a la Compañía Nacional de Danza, me ofrecieron un móvil, barra libre en invitaciones a comer y la posibilidad de pasar todos los taxis, y les dije que no quería móvil. Jamás pasé ni un taxi ni una sola cena en los 20 años que estuve. Eso les habrá fastidiado a los demás, pues se daba un agravio comparativo. Mientras que había gente que se llevaba, para imprevistos, 2 y 3 millones de pesetas, yo no me llevaba nada, y si hubiera habido uno, lo hubiera pagado con mi tarjeta.

“Suelen decir que los bailarines somos narcisistas, no lo somos, o que la
gente guapa, por ser guapa, es narcisista y no. Si sabes que eres guapo,
no eres narcisista, eres guapo”

¿Por qué nunca has querido colaborar con el Cirque du Soleil , con Broadway o con Disney? Ni con Julie Taymor, ni con Hollywood... Porque no he querido que se me reconociese por ser el coreógrafo de Walt Disney o de Broadway. El rey león es muy bonito, pero no es lo que hago yo. Yo bailo en la Ópera de París y en el Metropolitan de Nueva York y hago Carmen en el Mikhailovsky, pero no hago ninguna cosa con música de Elton John. ¡Yo estoy ahora con Bizet y Tchaikovsky! Cuando los de Walt Disney me dijeron que hiciera la coreografía para Peter Pan, estuvimos un año hablando y al final les dije que no quería. A mí el dinero me da igual, ¡para qué quiero yo más dinero! La reputación es muy importante. Hace un tiempo, me ofrecieron un anuncio con Mercedes-Benz, para un coche eléctrico, y dije que no. Puedo ser sinónimo de elegancia, o lo que me quieran contar, pero si no me dejan decir en el anuncio que por favor no se compren más coches, que estoy hasta los huevos de la polución y que vayan en bicicleta, no lo voy a anunciar. Aquí, cualquiera hace un anuncio.

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¿Qué supone para ti colaborar con la Vagánova? ¿Qué me va a suponer colaborar con una de las escuelas de baile más importantes junto con la de París y con la italiana de Cecchetti? Si hasta en el pasillo donde están colgados retratos de Pávlova y Nijinsky, estoy yo.

¿Cuál fue tu mejor momento como primer bailarín? A mí me gusta bailar, hubiera bailado igual en el Metropolitan que en Albacete. Bailé en la plaza de Pedro Zerolo, en un Orgullo, con las mismas ganas que si hubiera estado en el Bolshói. A mí me ha encantado bailar al 100%, por eso tengo la espalda hecha polvo. Lo dejé de hacer con 53 años y no lo he echado de menos porque lo he hecho mucho y con muchas ganas.

Nuréyev te iba a ver al camerino, ¿no? Estaba bailando en el Théâtre de la Ville, en París, con L'Histoire Du Soldat y yo era el soldado, y le encantó. Me invitó a su casa a comer, yo no quería ir solo, me volvió a invitar otra vez y dije, bueno, me voy con Jiří Kylián. Una vez allí, estuvo un poco pesado conmigo, encima de mí. En fin. Al final le dije a Jiří que me sacara de allí porque me daba un poco de vergüenza que estuviese tan encaprichado conmigo. Aún con aquello, lo pasé muy bien. Era un señor estupendo, increíble, pero tenía 25 años más que yo y me daba un poco de miedo y, aparte, siendo Nuréyev. Después, le sugirió a Jiří que por qué no hacía él de diablo y yo de soldado. Le pedí, por favor, que no me lo pusiera de diablo porque si hubiera tenido a Nuréyev de diablo en el escenario, la hora y pico que duraba el espectáculo, a mi lado (porque el soldado y el diablo están siempre juntos), y sabiendo que estaba un poco emperrado conmigo, lo hubiera pasado fatal. Al final no lo hizo.

“Moraira era el paraíso, qué pena que no se pueda uno meter en una foto
porque si no, me metía y me olvidaba de este mundo”

¿Cómo es bailar, ahora, a través de tus bailarines? Es otra experiencia, es distinto. Me pongo nervioso viendo bailar mis coreografías porque yo tengo el control de lo que voy a hacer yo, pero no el de los bailarines. Ahora que hago bailes con 100 personas, me pongo muy nervioso.

¿Se ha relajado tu relación con los políticos? A mí siempre me ha dado igual lo que piensen los demás de mí, y ahora que soy mayor, más aún. He despertado muchas envidias, muchos odios, porque conmigo el listón subió, y la mediocridad se veía más todavía. Ahora que he abierto mi escuela y la academia, además de seguir con la Compañía Nacional de Danza 2 (CND2), a mí no me ha felicitado nadie. Me da igual. No me ofende cuando a alguien no le gusta lo que hago. Me han comparado con Picasso y con Goya en críticas del New York Times o de Le Figaro. No lo leo, pero me lo dicen. Mi relación no es con los críticos, ni con el ministerio, ni con los políticos o los demás bailarines, es con el público. Si viene, se pone de pie, aplaude y lleno siempre, pues se acabó. ¡A quien no le guste, que no venga!

Y, ahora, la escuela que has abierto se encuentra en el mismo sitio donde estaba el teatro estudio de Antonio el Bailarín... Un día una señora muy millonaria, que vino con dos bailarines, me ofreció abrir una escuela y una compañía con mi nombre en este teatro de la calle Coslada. Me pareció buena idea y desde este mes de septiembre he comenzado con una compañía junior de 25 bailarines de todo el mundo (lo que más hay son americanos y americanas, pocos españoles) y un conservatorio profesional. Se les educará como bailarines con título homologable a un título universitario. Es la Compañía Nacho Duato, que es CND. Lo hice con toda la mala idea, como las siglas de la Compañía Nacional de Danza. Eso me encantó. Están un poco picaos, pero ¡qué le voy a hacer si me llamo Nacho Duato y es una compañía! Si fuera un restaurante...

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Volviendo a tus orígenes, ¿qué recuerdos tienes de Moraira y Rocafort? Moraira era el paraíso, qué pena que no se pueda uno meter en una foto porque si no, me metía y me olvidaba de este mundo. Teníamos una casa tipo Bauhaus, modernista, que compró mi bisabuelo. Estaba encaramada en una montaña. Cuando había mucho oleaje, entraba agua por la terraza exterior de la casa. Era una casa enorme. Íbamos todos los primos, mi abuela se iba con dos curas porque daban misa los domingos, y mucho servicio, tatas... Éramos casi 30. Estaba situada en el cabo de Moraira, por lo que me creía que la playa y el mar eran nuestros y cuando venían bañistas, a pesar de estar muy alejados, los echaba porque era la playa de la abuela. Aún la llaman la casa de los Duato. Mi familia se arruinó, en un momento dado, y tuvieron que venderla con toda la montaña muy rápido, y donde yo jugaba a la casita de muñecas, a los columpios y al fútbol, ahora hay cuatro chalets enormes.

¿El bisabuelo del que hablas era el amigo de Sorolla? Sí, tiene dos cuadros en el Prado. La mala pata de mi bisabuelo era que era compañero de Sorolla. Fue fotógrafo de la Casa Real. En mi casa nadie es artista, era artista. Bueno, Ana es actriz, pero en aquella época era muy difícil. A mí se me ocurrió ser bailarín, fui el primero de toda la saga de artistas. Una vez me preguntaron si me avergonzaba de mi apellido, porque a mi prima se le hubiera ocurrido llevarse un dinero (fue una metedura de pata). A Ana le llegué a hacer los cargos, hablándole de lo honrados que habían sido los abuelos. Mi padre fue gobernador y no se llevó ni un duro, y por eso lo echaron, porque no admitía comisiones. Ya te digo que ni mi prima ni yo hemos sido los importantes. En una familia de psiquiatras, cirujanos, escritores, porque yo sea famoso y la otra sea actriz... De mi apellido no me avergüenzo para nada. Estoy muy orgulloso tanto de la rama Duato como de la de los Barcia. A mi madre le preguntaban si estaba muy contenta y orgullosa de su hijo. Ella preguntaba de cuál. Tenía 9.

“Miguel y yo no estábamos enamorados. Yo estaba enamorado de su
belleza y él competía con la mía. ¡Quedábamos tan monos juntos!”

¿Cómo se lleva trabajar en Rusia, un país en el que se pisotean a diario los derechos del colectivo LGTBI? Es verdad que no se permiten morreos en las calles, pero cada vez hay más gais. Hay discotecas gais detrás de mi teatro. Grindr funciona perfectamente, hay escorts. Yo no llamo porque todo el mundo me conoce, es imposible. El mundo gay funciona, pero no de una manera tan abierta como aquí. No es que vaya la policía a las discotecas como hacían en Nueva York o en Stonewall. A veces me dicen que cómo es que estoy en un país con una guerra ilegal. Estados Unidos, desde hace 35 años, no ha parado de estar en guerras ilegales con todo el mundo (Balcanes, Irak...). Encima, es un país donde hay pena de muerte. Yo estoy en Rusia como director de un ballet, tengo a 25 ucranianos y desde Kiev han llamado a uno de mis asistentes para que vaya a montar Giselle. Están en guerra, pero no es la guerra de Irak, que a las dos semanas no había piedra sobre piedra. En Kiev, todavía, el Ballet funciona. En mi compañía, mi bailarín principal es de Kiev, tengo otros 20 que también son de allí y que están casados con rusos y rusas. Siguen bailando y no se les ha echado.

Cuando Putin te va a saludar, ¿de qué habláis? De ballet. Sabe de sobra quién soy y lo saben todos los policías cuando entro por la frontera, y no porque hubiera una foto mía en la Moskovsky más grande que las de Ronaldo en la Puerta del Sol (la reina cuando la vio dijo: “¡Madre mia!, ¡qué foto más grande te han puesto!). Ser coreógrafo allí es como ser futbolista aquí. Rusia es uno de los países que más adeptos tiene al ballet y a la danza, desde el pueblo a las altas esferas. El Bolshói es como el Bernabéu.

Pero ¿cómo se puede adorar una disciplina tan maravillosa como es el ballet y actuar de esa forma? Hitler amaba a Wagner y Calígula amaba el arte mientras mandaba matar en el circo a los cristianos como a leones. Soy consciente de que estoy allí haciendo ballet, cambiando la mentalidad de la gente. Llevo 14 años en Rusia. En mi teatro cada vez vienen más gais. Los hombres se sueltan más, se visten de otra manera. En Moscú, he dicho abiertamente que soy gay y a mí no ha venido nadie a detenerme, al revés, tengo muchos fans. En España, me han dicho ‘maricón’ por la calle, y no hace mucho. No puedes mezclar el arte con la guerra. Yo he vivido una dictadura y no era franquista y ahora a todos los rusos se les dice que son unos cabrones porque Putin se ha metido en Ucrania. Me dan pena porque tienen el complejo de ‘qué malos que somos’.

“Iceta no tenía idea de nada. Baila muy bien en las partys del PSOE, pero
no ha hecho nada desde que ha llegado”

Dices que te han llamado ‘maricón’, pero también te han piropeado, ¿me equivoco? Cuando era joven era todo un sex symbol. Me han visto mucho bailando. Ahora, nadie sabe quién es el director de la Compañía Nacional de Danza. Antes me conocían hasta los basureros, me decían ‘tío bueno’. Un día, un tiazo que hacía mudanzas se bajó de la furgoneta y me preguntó si era Nacho Duato. Al asentir, me pidió un autógrafo. Le pregunté cómo se llamaba su mujer. “Es para mí, me llamo Goyo”, me contestó.

¿Por qué no contaron la verdad de tu historia con Miguel Bosé en la última serie? No la he visto porque, además, el chico que hace de mí nada tiene que ver conmigo. Le dije a Macarena Rey (CEO de Shine Iberia) que me mandaran el guion. Vi un trailer y es todo mentira. Lo siento Miguel, pero es así. ¡todavía dice que es bisexual!

¿Es bisexual? Pero cómo me voy a creer eso si yo estaba con él en la cama y entraba Ana Obregón, y nos veía ahí. Cuando me preguntan sobre mí, cuento mi verdad. De Miguel no puedo contar la verdad. Él es muy fantasioso, lleva dos vidas (una es Miguel Bosé y otra es Miguel) y se han mezclado. Cuenta unas mentiras apabullantes y cuando le oigo no le entiendo, pero, claro, te preguntan tantas veces sobre cosas que han pasado hace tanto que parece como si se transformaran en el recuerdo y, a veces, ya te lo inventas. Yo no recuerdo cómo era cuando tenía 15 años.

¿Tienes buena relación con él? La hemos tenido, pero en el momento de la pandemia dije: "Estás muy loco, ¡déjame en paz, Miguel!". El otro día le escribí una carta poema diciéndole eso. Cuando estábamos juntos, no estábamos enamorados ni nada de nada. No había casi sexo. Era un sexo de superficie, nada más que por la piel. Estábamos enamorados de la belleza Yo estaba enamorado de su belleza y él competía con la mía. ¡Quedábamos tan monos juntos! Íbamos al Studio 54 y nos dejaban pasar sin hacer cola. Nos veía Martha Graham y se quedaba asombrada cuando nos veía tan guapos, con nuestros patines. Cuando nos hartamos de hacernos los chulos, nos fuimos el uno por su lado y el otro por el suyo.

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¿Y era el Studio 54 tan molón como nos han hecho creer? Fuimos un par de veces nada más, y la verdad es que no había mucha gente de esa conocida.

¿Estuvisteis mucho juntos? No llegó al año. Él siempre ha querido ocultarlo y yo no podía ir a esperarlo a ningún concierto, le esperaba Ana. No estaba enamorado, estábamos a ver quién era más guapo. Él era muy simpático y elocuente, tiene mucha gracia, es fenomenal. Es muy ingenioso y escribe muy bien. Nos reímos mucho. Yo soy más loco que él. Lo defiendo, en ocasiones. Aunque su mundo y el mío no se tocan. La Ópera de París y La Scala de Milán no se comparan con el estadio de Buenos Aires.

¿Qué diferencia observas entre la élite gay de tu generación con la de ahora? Los de ahora se casan vestidos de Zegna y Massimo Dutti, y luego tienen un hijo de alquiler. Está visto que los niños tienen precio distinto y solo se los pueden comprar los gais que tienen pasta. Tienen menos miedo a salir del armario porque, además, ahora entre la élite hetero siempre queda bien llevar a una pareja gay, a una lesbiana, a un negro, a un trans... Pero a una pareja, no más de una. Los gais se creen que ellos nos aceptan, que tienen que pasar por el aro de los heteros porque si no te comportas como ellos, no te van a invitar en Navidad a comer pavo.

“A mi me gusta bailar, hubiera bailado igual en el Metropolitan que en
Albacete. Lo dejé de hacer con 53 años y no lo he echado de menos
porque lo he hecho mucho y con muchas ganas”

¿Crees que hay un lobby gay? Sí, total. ¡Claro!

¿Su función? Que seamos gais, que no salgamos del gueto, que consumamos todo lo que sea para gais. Yo no he sido de ir a sitios gais porque me gusta la diversidad. No quiero ir al “todo gay”. Mientras ellos se encuentran cómodos en ese gueto, otros hacen el negocio. Nunca se va a salir de ahí. No somos iguales, y es lo que me gusta a mí, que no soy igual que un hetero, somos distintos.

¿Situación sentimental? Actualmente, desde hace mucho tiempo, solo. Nunca me he enamorado de nadie, nunca. No sé lo que es eso. Cuando hemos empezado a vivir juntos, es imposible. No lo puedo aguantar. Me gusta cambiar, nunca he aguantado una pareja.

¿Qué odia Nacho de Nacho Duato? A Nacho Duato, pero no a todo. No hago nada a escondidas, no me avergüenzo, no envidio a nadie. En esta vida, yo muy feliz no he sido. Por mucho que haya tenido éxito, el éxito es muy hijo de puta y te puede gastar malas pasadas. La belleza tampoco te creas que se lleva tan bien, a veces. De pequeño lo he pasado mal, como todos los gais. Sobre todo, en nuestra época. Pero si no soy del todo infeliz en la vida es porque no envidio a nadie. No soy nada materialista. Era coleccionista de relojes, sobre todo Bulgari, pero me los han robado todos. Un chulo o quien sea. Me da rabia porque no saben ni lo que cuestan.

¿La belleza pesa? Suelen decir que los bailarines somos narcisistas, no lo somos, o que la gente guapa, por ser guapa, es narcisista y no. Si sabes que eres guapo, no eres narcisista, eres guapo. Eso sí, tengo mucho sentido del ridículo.

“Conmigo el listón subió, y la mediocridad se veía más todavía”

A tu madre le fastidiaba que se quedaran en lo guapo que eras... Sí, que se quedaran en lo de perfil griego, en cómo me movía. Ella sabía que yo era, soy, otra cosa, pero...

¿Los de Netflix ya han llamado a tu puerta? Los de Netflix se han puesto en contacto conmigo para hacer un proyecto, cuatro capítulos, pero les he dicho que no porque, a ver, la verdad si quieren yo sé la cuento, pero no la van a poder poner.

Para eso está el documental que hiciste con Ulrik Wivel y Alejandro Álvarez Cadilla ¿no? ¡Disportrait! Más que un retrato es el “desretrato”. Cuando me lo propusieron, les dije que lo podían hacer si no me preguntaban nada ni de danza, ni de ballet, ni de arte, ni de inspiración, ni de cultura. Es un documental en el que me persiguieron durante dos años, hasta despertándose a mi lado. Es muy fuerte. Ha ganado premios en Praga, en el Tribeca, en el Yerba Buena Gardens de San Francisco... Aquí, no lo han emitido.

Pero ¿por qué? ¿Por qué me echaron a patadas? ¿Por qué no hay un teatro de ballet? ¿Por qué no hay un teatro de ópera? Mi adiós al CND fue Multiplicidad. Formas de silencio y vacío, una obra homenaje al compositor Johann Sebastian Bach nada menos que en el Bolshói. Envidias, no pudieron soportarlo.

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Bach es tu músico favorito, ¿verdad? Sí, Bach. Tchaikovsky para los ballets clásicos y, por decir un español, el único que me gusta es Falla.

¿Música moderna? No me gusta especialmente. Quizá, Luz Casal. No entiendo el éxito de Rosalía, compone y tal, pero su puesta en escena es espantosa. Salen todos en pelotas, todos haciendo el idiota. Volviendo al ballet, en España no hay ni una coreografía que me guste.

¿Actores favoritos? Javier Bardem, en el cine, y Carlos Hipólito, en el teatro.

¿Autobiografía? Tengo una de la que quieren hacer ahora la segunda parte, pero cuya primera parecía más una hagiografía, la del santo Nacho Duato (¡no me gustaba nada!), e hice ‘El placer de la danza’, dentro de una colección de autobiografías con varias personalidades y cada una de sus disciplinas. O dices la verdad o no la dices. Hoy en día Netflix hace muchos biopics o retratos exhaustivos de la vida cotidiana de tal o cual celebridad. ¡Hasta de la mujer de Ronaldo con sus bolsos! Pero ¿para qué voy a hacer eso?

¿Es verdad que viviste en una casa okupa en Londres? Sí, era en Swiss Cottage. Fue muy fuerte porque yo viví en la última habitación, la más pequeña, sin ventana, con una estufa de keroseno. Todos eran muy drogatas. Yo no me he drogado jamás. Tenía miedo y cerraba con llave la puerta. Una noche se nos quemó todo.

“Me da pena que los rusos, ahora, tengan el complejo de ‘qué malos que somos’

¿Consideras que aun logrando tanto éxito en todos los palos que has tocado, la soledad del artista te ha acompañado durante todo este tiempo? Así es, es la soledad del artista. Como la gente te ve en entrevistas, siendo aplaudido, frente a los flashes, con flores o saludando a la reina, se creen que estás todo el día así. Ahora, en Carmen, estoy con 150 cantantes, 60 técnicos, diseñadores, con gente todo el día, pero el resto de la jornada estoy solo. En casa estoy solo casi siempre. Mira, en esas fotos desnudo que hice para Jaume de Laiguana fue en la época que menos follé. Al ser una persona pública, nadie viene a ligar contigo, tienen miedo. Ahora, ¿dónde quieres que vaya a ligar? Cuando salió Grindr, al decir que era Nacho Duato, me respondían: “Ya, y yo Marilyn Monroe”. No puedo ir a una sauna, tampoco. Nunca lo he podido hacer. Mis amigos casi todos han muerto de eso. Después de la discoteca yo me venía a casa solo y ellos se iban de saunas. En Ibiza, igual. ¿Tú te imaginas a mí con una toallita en una sauna? Pero ni a mí ni a Miguel ni a nadie.

¿Dónde te vamos a ver próximamente? Desde el 5 de septiembre estoy haciendo en el Mikhailovsky mi primera ópera, Carmen; a mitad de noviembre estaré en Munich con White Darkness, que a mitad de diciembre llegará a la Ópera de Praga, y el año que viene, en el Mikhailovsky, estrenaré un nuevo ballet sobre la obra de Pushkin, Oneguin.

 

 

Fotografía
Juan Cruz Durán
Estilismo
Amaia Brac
Dirección
Juan Antonio Gómez
Fotografía
Juan Cruz Durán
Maquillaje y Peluquería
Rafel Molina
Coordinación
Bru Romero
Josep Ventura
Localización
Cortesía de Nacho Duato

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